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DISIRNIENDO EL TIEMPO DE DIOS
DISIRNIENDO EL TIEMPO DE DIOS
I. Discierne las señales de Dios (Lucas54–56)
Jesús dice: “Sabéis distinguir el aspecto del cielo… pero no discernís este tiempo.” El término griego para “discernir” significa evaluar con juicio moral y espiritual. No se trata solo de observar, sino de comprender el significado divino detrás de los acontecimientos. Israel esperaba un Mesías político, libertador de Roma. Pero Jesús vino como Salvador del pecado, no como libertador nacional. Por eso, aunque conocían las Escrituras, no comprendieron su cumplimiento en Cristo.
En (Mateo 3:1-2), leemos so siguiente “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” La ironía es dolorosa: sabían cuándo venía la lluvia, pero no sabían que la Lluvia de gracia estaba cayendo sobre ellos.
• ¿Podemos nosotros reconocer la voz de Dios en medio de la confusión del mundo moderno?
• ¿Leemos las Escrituras solo para informarnos o para dejarnos transformar por ella?
• El Espíritu Santo sigue hablando, pero muchos han silenciado su voz por distracción o pecado.
Discernir el tiempo de Dios significa ver el mundo a través de los ojos del Reino. Jesús señala que la gente sabía predecir el clima observando una nube que se levantaba del oeste, sobre el mar Mediterráneo. Tal nube significaba que venía lluvia.
Así, el pueblo tenía agudeza para leer las señales naturales, pero no para reconocer la presencia del Hijo de Dios entre ellos. Sabían cuándo iba a llover, pero no conocían al Dios que reina sobre toda la creación. En el versículo 55, Jesús menciona el viento del sur que soplaba desde el desierto trayendo calor abrasador.
La gente podía anticipar el cambio de temperatura con precisión. Sin embargo, Jesús denuncia que esa misma habilidad no la aplicaban para discernir las realidades espirituales. En el versículo 56, Jesús los llama “¡Hipócritas!” porque sabían interpretar “la faz del cielo y de la tierra”, pero no podían discernir “este tiempo”: el tiempo de la manifestación del Reino de Dios en la persona de Cristo. Ese “tiempo” se refiere al período de la venida del Mesías, el inicio del Reino de Dios “ya presente pero todavía no consumado”.
Jesús advierte que muchos son sabios para las cosas terrenales —negocios, clima, política— pero ciegos para las cosas eternas. Su llamado es a abrir los ojos espirituales, reconocer la venida del Reino y responder en fe y arrepentimiento. Jesús nos exhorta a discernir los tiempos espirituales con la misma o mayor atención con que observamos el mundo natural, reconociendo que su venida marca el inicio del Reino de Dios y que debemos responder con discernimiento, fe y obediencia. Esto me lleva a mi segunda consideración:
II. Reconoce la urgencia de reconciliarte (verss. 57–58)
Jesús cambia la imagen: ahora no habla de nubes y vientos, sino de un juicio inminente. El hombre que camina al tribunal debe reconciliarse con su adversario antes de llegar al juez. Jesús presenta una breve parábola para exhortar al discernimiento espiritual y la preparación antes del juicio final. Jesús dice “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él; no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo.”
Jesús usa esta ilustración cotidiana —un hombre que va al tribunal con su adversario— para enseñar una verdad espiritual: es sabio reconciliarse antes de enfrentarse al juez. De igual modo, es urgente reconciliarse con Dios antes del juicio eterno.
• El “adversario” representa la justicia de Dios que clama contra el pecado humano (Romanos 3:19–20).
• El “camino” representa nuestra vida presente, el breve lapso de gracia antes de la eternidad.
• El “juez” es Dios mismo, cuya santidad no puede ser burlada.
• La prisión simboliza la condenación eterna.
Por tanto, el mensaje de Jesús es claro: ajusta tus cuentas espirituales ahora, antes de que sea demasiado tarde. En la carta a los (Hebreos 9:27), encontramos los siguiente: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
Y en (2Corintios 5:10) “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” Aquí Pablo se dirige a creyentes (“todos nosotros”) y dice que comparecerán ante Cristo.
El propósito no es determinar la salvación —pues eso ya fue asegurado en la cruz— sino evaluar las obras de cada cristiano y recompensar la fidelidad. Como dice, (Romanos 8:34) “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”
En otras palabras: Jesús está de pie ante el Padre como nuestro Representante Eterno. Él no solo nos salvó, sino que mantiene nuestra salvación segura mediante su intercesión constante. Esto significa que Jesús está constantemente presentando Su obra perfecta —su sangre, su justicia y su sacrificio— ante el Padre en favor nuestro. No porque el Padre sea reacio a perdonar, sino porque el Hijo garantiza que nada ni nadie puede separarnos de su amor (Romanos 8:35__39).
Como el hombre de la parábola, todos caminamos hacia el tribunal divino. Cada ser humano tiene una cita con el Juez del universo. La pregunta es: ¿ya has hecho las paces con Él? Jesús, en su misericordia, nos está diciendo: “Mientras estés en el camino —mientras haya aliento en ti—, reconcíliate conmigo. No esperes el tribunal final.”
El juicio futuro ya ha sido anticipado en la cruz. Allí, Cristo se ofreció como sustituto: Él pagó lo que nosotros no podíamos pagar. Pero quien rechaza su gracia enfrenta el juicio sin abogado. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2). El reloj de la gracia avanza. Cada día que pospones el arrepentimiento, te acercas un paso más al tribunal. Esto me lleva a mi última consideración:
III. Acepta la justicia de Dios antes que sea tarde (vers. 59)
“No saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo.” Jesús habla a dos grupos:
• A los creyentes: Los llama a vivir con la venida de Cristo en mente, a arrepentirse de todo pecado que los aparte de Él: orgullo, codicia, lujuria, amargura o falta de perdón.
• A los no creyentes: Les advierte que estar cerca de las cosas espirituales no es lo mismo que estar en paz con Dios. Muchos escuchan de Cristo, pero no se rinden a Él.
Jesús no exagera: está revelando la imposibilidad humana de saldar su propia deuda moral. La justicia de Dios es absoluta; no hay indulgencias, sobornos ni apelaciones. El pecado no solo es una falla moral, sino una ofensa contra la Santidad de Dios.
Por eso, la deuda es infinita y solo una persona Santa —Cristo mismo— puede pagarla. En la cruz, el Juez se hizo acusado; el inocente fue tratado como culpable para que los culpables fuéramos declarados justos (2 Corintios 5:21). Quien confía en Cristo, ya ha sido juzgado en Él.
Quien lo rechaza, lleva aún sobre sí la condena. La justicia de Dios no es cruel; es santa y amorosa. Dios no quiere tu condenación, sino tu conversión. Pero la gracia tiene un límite: el límite del tiempo. Hoy es el día para creer, para rendirse, para entregar esa deuda al único que puede cancelarla: Jesucristo.
Conclusión : Ilustración: el ciego , un ateo subió a hablar en el y proclamó:
“Dicen que hay un Dios, pero no puedo verlo. Dicen que hay un Cristo, pero no puedo verlo.” La multitud aplaudió. Entonces, un hombre se levantó y dijo: “Dicen que hay un sol, una luna y estrellas… pero no puedo verlos. Estoy ciego.” Luego se sentó.
Con pocas palabras, expuso la verdad: el problema no es la falta de evidencia, sino la ceguera espiritual. Así también muchos oyen de Cristo, pero no lo ven porque no quieren abrir sus ojos al Evangelio.
No basta con “saber” que los tiempos son malos; hay que vivir preparados, reconciliados y fieles. Este pasaje no es una lección sobre el clima, sino una advertencia escatológica y pastoral.
El mismo Cristo que llamó a discernir el tiempo vendrá otra vez, no para ofrecer gracia, sino para ejecutar justicia (Hechos 17:31). Jesús nos llama a actuar ahora: “Ajusta tus cuentas antes de comparecer ante el Juez.” No esperes al juicio final para buscar misericordia. Hoy es el día para reconciliarte con Dios, por medio de Jesucristo.
Por: Carlos Benavides
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