LA TORMENTA Y LA FE INQUEBRANTABLE DE PABLO
En el año 60 d. C., el apóstol Pablo emprendió un viaje a Roma como prisionero, custodiado por soldados romanos. Su destino era incierto, su camino lleno de riesgos y dificultades, pero su corazón estaba firme en Cristo, confiando plenamente en que los planes de Dios se cumplirían a pesar de toda la adversidad (Hechos 27:1, 27:37) . Pablo sabía que, aunque el mar estuviera embravecido y las circunstancias fueran desalentadoras, la presencia de Dios nunca lo abandonaría.
A pesar de las advertencias sobre los peligros de zarpar en esa época, la tripulación decidió continuar. No tardó mucho en que un viento violento llamado Euroclidón los azotara, y durante catorce días, el barco fue arrastrado sin control por un mar embravecido, mientras las olas azotaban con fuerza y la oscuridad lo envolvía todo, llenando de temor incluso a los hombres más experimentados (Salmo 107:28-30) . En medio del rugido del viento y del mar, muchos habrían sentido desesperación y pánico, pero Pablo mantuvo la mirada fija en Dios, recordando su promesa y confiando en su protección.
Fue entonces cuando recordó las palabras del ángel del Señor: «No temas, Pablo. Debes comparecer ante el César, y Dios ha concedido la vida a todos los que viajan contigo» (Hechos 27:23-24) . Con esa certeza inquebrantable, Pablo animó a otros, infundiendo esperanza donde solo había miedo. Su fe brilló como un faro en la oscuridad del mar, recordando que la verdadera fuerza no proviene de nuestra propia fuerza, sino de la confianza absoluta en Dios.
Al amanecer, el barco encalló en una bahía y, milagrosamente, todos llegaron sanos y salvos a la isla de Malta (Hechos 27:41-44). Allí, Pablo fue mordido por una víbora, pero su confianza en Dios lo protegió y no sufrió daño alguno (Hechos 28:3-5) . Más tarde, sanó a los enfermos y ministró con poder, demostrando que donde la fe se mantiene firme, el poder de Cristo acompaña y sostiene incluso en las pruebas más extremas (Hechos 28:8-9) .
Esta historia nos recuerda que la verdadera fe nos da coraje en medio de las pruebas (2 Corintios 12:9-10) , nos protege y nos guía aun cuando todo parece perdido (Salmo 91:4-7) , inspira a otros y refleja la luz de Cristo en medio de las tinieblas (Filipenses 2:15-16) , y nos asegura que los planes de Dios no pueden ser frustrados (Isaías 55:8__11) .
Pablo nos enseña que, incluso si la vida nos lleva a mares tempestuosos, la presencia de Cristo en nuestro corazón nos mantiene firmes y seguros. Cuando depositamos nuestra fe en Él, Dios puede manifestar su poder y su amor incluso en los momentos más difíciles, transformando el miedo en confianza, la desesperanza en fuerza y la oscuridad en luz. Que esta historia nos inspire a mantenernos firmes, confiando en que nuestro Dios nunca nos abandona, ni siquiera en medio de la tormenta.
Por: Carlos Benavides